domingo, 4 de mayo de 2014

¿CÓMO FORMADORES ESTAMOS LOGRANDO QUE LOS ESTUDIANTES REALMENTE APRENDAN?

Por: Wilmer Rojas Bustamante.

García (2013, p.8), profesor emérito de la Universidad Complutense de Madrid,  se pregunta con ironía “¿cómo puede ser posible que haya casi dos mil millones de seres en la miseria, sin acceso al agua potable, a la instrucción básica, a la sanidad más elemental, a una maternidad responsable, a un medio ambiente degradado por el despilfarro de una industria letal, por la codicia de unos pocos?” Esta interrogante, desde el punto de vista educativo, es un cuestionamiento al rol que juega la educación en el mundo, porque no es posible que actualmente el hombre haya desarrollado una tecnología extraordinaria, como la nanotecnología y que la mayoría de habitantes de nuestro planeta no tenga la salubridad necesaria para una existencia digna y  que año tras año mueran millones de niños y adolescentes por desnutrición crónica y por no ser atendidos oportunamente en los  centros de salud con las vacunas básicas para sobrevivir a las múltiples epidemias que asolan a la humanidad.

El siglo XXI demanda una actitud diferente del ser humano, pues vivimos en una sociedad que ha evolucionado hasta convertirse en una civilización que plantea grandes retos, desafíos que deben ser asumidos por las instituciones formadoras de Educación Básica regular y las Instituciones Superiores No Universitarias (Institutos Superiores Pedagógicos, Institutos Superiores tecnológicos, entre otros) y las Instituciones Superiores Universitarias. La Sociedad del Conocimiento requiere de un proceso educacional centrado en el estudiante, particularmente en el desarrollo de sus capacidades y valores; por eso es importante que los educadores propiciemos el desarrollo mental de los estudiantes, para que este mismo individuo pueda construir el conocimiento y, por añadidura, comprenda los procesos que operan en sí mismo (Panza, 2013), ya que actualmente vivimos en una sociedad más dinámica, cuya característica más destacable es la complejidad.

Si nos remitimos a los resultados de las últimas evaluaciones (PISA) a los estudiantes de Educación Básica Regular en nuestro país y a la evaluación censal que todos los años lleva a cabo el Ministerio de educación, nos daremos cuenta que la educación en el Perú es de muy mala calidad, ya que estamos en los últimos lugares en el mundo. Los alumnos no comprenden lo que leen ni razonan lo suficiente como para resolver problemas básicos de matemática. ¿Son los docentes los únicos responsables de este desastre académico? En parte sí, porque el estado no ha sabido llevar a cabo una política acertada para promover una educación de calidad. Hace menos de tres décadas, los “docentes” que educaban a los alumnos eran personas con educación secundaria, y en muchos casos ni siquiera la tenían completa. Además de falta de entrenamiento académico, estas personas, en un número significativo, no tenían vocación para el trabajo docente, de tal manera que la educación de varias generaciones estuvo en manos de seudo profesionales de la educación, que a pesar de sus mejores esfuerzos, le ocasionaron un gran daño a la educación del país; pero como la tarea de educar no es  exclusividad de los docentes, la responsabilidad también recae en la familia, la comunidad y el Estado.

No es casualidad, entonces, que en plena civilización cognitiva aún se sigan trabajando en las aulas con estrategias, metodologías y currículos rígidos, y que el docente siga siendo el centro de la enseñanza. Si a este deplorable cuadro le añadimos la falta de infraestructura básica en las instituciones educativas, la falta de implementación en las aulas con materiales educativos y con tecnología y laboratorios para fomentar la investigación, los resultados siempre van a ser negativos. Para cambiar la educación es necesario que haya un equipo de gobierno que incluya al presidente, ministro de economía, primer ministro y presidente del congreso, que crean en la necesidad de cambiar la educación y para lograrlo hay que invertir en infraestructura moderna e interactiva, profesores, que deben de ser del segmento más alto de calificación del mercado, equipos y materiales modernos y suficientes, convenios de consultoría internacional y viajes de capacitación de los promotores y del personal, inglés intensivo, etc. Si el estado no está dispuesto a invertir lo necesario para sacar adelante proyectos de vanguardia, como la hace Europa, EE.UU. Nueva Zelanda, Australia, la educación no va a salir de la crisis en la que se encuentra (Trahtemberg, 2013).

Aguerrondo (2009, p. 2 ), investigadora argentina de la Oficina Internacional de Educación, afirma que “los sistemas escolares, desde su creación, son el dispositivo social para la distribución del conocimiento ‘socialmente válido´”, lo que plantea un cuestionamiento a los contenidos que se imparten a través Diseño Curricular Nacional, que a pesar de ser diversificado en las regiones y de acuerdo a las necesidades de los estudiantes, nos invita a reflexionar hasta qué punto las competencias son válidas para formar al nuevo hombre que el país necesita en las circunstancias actuales. Hace mucho tiempo se sabe que el alumno no es objeto de enseñanza sino un sujeto de aprendizaje, como también se sabe que enseñar es organizar experiencias de aprendizaje para que el alumno avance en su proceso de construcción del objeto de aprendizaje; sin embargo, todavía  nuestro sistema escolar, a pesar de las capacitaciones, que además solo llegan a una minoría, no ha logrado superarlas, pues las prácticas anacrónicas aún conviven en el ejercicio cotidiano del quehacer pedagógico.
Una de las dimensiones de la crisis de los sistemas educativos tiene que ver con que están en crisis los modelos hegemónicos de cómo enseñar y qué enseñar en el siglo XXI, teniendo en cuenta los cuatro pilares de la educación o los pilares del conocimiento en la persona: aprender a conocer, que significa adquirir los instrumentos del conocimiento para comprender el mundo que nos rodea; aprender a hacer, es decir a actuar con sensatez para influir sobre el entorno y vivir dignamente; aprender a convivir y a trabajar en proyectos comunes para la comprensión mutua y la paz; aprender a ser, que implica el desarrollo de la propia personalidad y la capacidad de autonomía, de juicio y responsabilidad social.

En nuestra realidad todavía predomina la ciencia normal y hay muchas dificultades para el surgimiento y consolidación de nuevos paradigmas, en particular,  de las ciencias de la complejidad (Aguerrondo, 2009). No olvidemos que esta sociedad se define como la sociedad del conocimiento por la característica del lugar del conocimiento científico en ella. La era del conocimiento se basa en otro conocimiento, uno que no entiende el cambio como disrupción (rotura brusca) del orden sino como innovación prometedora. En este caso la ciencia ya no describe y explica los fenómenos sino que conlleva la creación, la modificación de la naturaleza. El desafío de los cambios educativos es cómo resuelve la nueva sociedad la necesidad de distribución equitativa del conocimiento, qué características tiene que tener dicho conocimiento para que sea socialmente válido y cómo se organiza el entorno social para hacer posible el aprendizaje a lo largo de la vida, porque en la actualidad cualquier profesional necesita actualizarse permanentemente sino  quiere convertirse en un profesional sin futuro.

Para la Dirección General de Educación y Cultura de la Comisión Europea, los sistemas de educación y formación deben adaptarse a las demandas de la sociedad del conocimiento. Y para que esto ocurra se deben desarrollar destrezas básicas como: TIC, cultura tecnológica, lenguas extranjeras, espíritu emprendedor y habilidades sociales; pero además se deben desarrollar las competencias básicas, que son un prerrequisito para un rendimiento personal adecuado en la vida, en el trabajo y posterior aprendizaje. Entre otras competencias tenemos: comunicación en la lengua materna y en la lengua extranjera, competencia matemática y competencias básicas en Ciencia y Tecnología, competencia digital, etc. ¿Qué cerca de estos requerimientos se encuentra la escuela peruana? Es obvio que aún nos falta mucho por recorrer para iniciar el camino hacia una verdadera revolución en la educación peruana; sobre todo falta decisión política, creer que invertir en la educación, en la ciencia y desarrollo, es tener la posibilidad de salir de la pobreza, de superar los grandes males por los que el Perú atraviesa desde que los españoles desembarcaron en el territorio de nuestros ancestros.
Además, es necesario que  los educadores de todos los niveles educativos nos impliquemos personal, emocional y moralmente en nuestro trabajo cotidiano, ya que ésta es condición para la valoración de los alumnos. Ser profesores requiere de valores, actitudes, aptitudes, para  potenciar el desarrollo personal de los alumnos.

En conclusión, podemos inferir que como formadores no estamos logrando que el estudiante realmente aprenda como debería hacerlo, es decir para enfrentar con éxito los grandes retos que la sociedad del conocimiento demanda, ya que no contamos con un profesional altamente calificado, ni con la infraestructura adecuada, ni con la tecnología suficiente, porque, como  García  (2010, p. 31) afirmala educación debe proporcionar las cartas náuticas en un mundo complejo y en permanente agitación, al mismo tiempo la brújula para poder navegar por él y el ancla para detenerse, anticipar y valorar rutas a seguir”.

BIBLIOGRAFÍA:
García, J (2013, 26 de febrero). El mundo se ha vuelto aldea. El Tiempo, p. 8
Trahtemberg L (2013, 2 de marzo). ¿Por qué tenemos que ser ministros? El Tiempo, p. 8
Aguerrondo, I (2009). Conocimiento complejo y competencias educativas. Obtenido el 26 de febrero de 2013http://www.aufop.com/aufop/home-26/02/2013

 García, E (2010). Competencias éticas del profesor y calidad de la educación. Obtenida el 27 de febrero de 2013, http://www.ibe.unesco.org/fileadmin/user_upload/Publications/Working_Papers/knowledge-27/02/2013

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